Texto para conjurar los miedos

Unas luces nos rodean. Luces azules y blancas que resplandecen, y que es como un coro de luces. Nos llevan y nos rodean en nuestra ascensión. Cuando más alto ascendemos, la felicidad nos va copando el alma hasta hacerse casi insoportable. La emoción esta intensa, que cerramos los ojos del alma, y nos apretamos la emoción, como si la felicidad plena también fuera de resistir.
El coro va desapareciendo paulatinamente y las luces se van apartando, rapidamente. Abrimos de nuevo los ojos y nos encontramos en un universo lleno de estrellas, y es como si volaramos por el espacio, a una velocidad increible. Vemos pasar las estrellas y planetas distantes e imaginamos, recuperamos de nuestra conciencia la débil imagen de una creencia en el cielo. El solo pensamiento del cielo, de Dios, nos conmueve hasta tal punto que nuevamente cerramos los ojos.
Los volvemos a abrir y nos encontramos entonces, con un silencio y una oscuridad total. Las estrellas han desaparecido, la sensación de movimiento también. Hemos quedado suspendido en un lugar oscuro y silencioso. Nuestra conciencia empieza a desvanecerse paulatinamente y nos damos cuenta, que ahora si, ahora llega la muerte. Nos entra un terrro terrible, nos sentimos totalmente desamparados, queríamos gritar, patalear, correr hacia algún lugar y en realidad no podemos movernos.
Nuestra conciencia, que se había resistido, empieza a debilitarse, empezamos a visionar nuestra pequeña vida, nuestros pequeños dolores. Vemos a nuestros hijos, las personas a las que amamos, a lo que murieron antes que nosostros. Como en una pelicula, vemos pasar escena por escena nuestra vida, hasta llegar a esa oscuridad inconcebible. Cerramos los ojos que no volvemos a abrir, porque no ya somos nadie.
10/06/2005
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