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Egoismo

Un pensamiento de estos dias, extraído directamente de algunas experiencias de esta semana. La primera: nada nos hace ser mas egoístas que estar enfermo o ser infelices. Seguramente no es una nueva idea ni siquiera para mi y se parece, dada la vuelta, a aquello de que no hace falta decir "por favor" a un hombre feliz. (y no hace falta, por abundancia, por ausencia de egoísmo). La infelicidad es la madre de muchos vicios o lo que decía Spinoza, Proposición XLII de su “Etica Demostrada Según El Orden Geométrico”: La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma”. En cuyo caso, la infelicidad sería el vicio por excelencia del cual deriva muchos. Si empezamos por la primera parte de la proposición, el enfermo puede ser un auténtico tirano. .El enfermo es un egoísta cuya miseria y malestar le dejan sin fuerzas para pensar en los demás. Solo piensa en su problema.. Me viene a la memoria ese cuento de Mario Benedetti “Los pocillos”; un hombre que al quedar ciego se convierte en un auténtico antipático, incapaz de pensar mas allá de su propia ceguera y que por supuesto se odia. La segunda parte, el infeliz, aplica lo mismo que puede decirse del enfermo. ¿No es la infelicidad una especie de enfermedad? El ser infeliz no encuentra en si ninguna satisfacción que esa es una definición buena de la infelicidad. La infelicidad es íntima, personal, es un proceso interno. Sorprendería que la encontrara fuera de si. Puede que fuera de nosotros estén cayendo chuzos de punta, pero la infelicidad sigue siendo interna, procesada internamente e interpretada. Puede que la infelicidad sea comprensible, esté justificada e incluso sea lógica por esos chuzos externos, pero sigue siendo íntimo. Lo íntimo de la infelicidad quizás se prueba por el hecho de que situaciones parecidas pueden afectar de diferente forma según quién. Bien pues, al infeliz, todo le fastidia incluyendo a su persona. La felicidad ajena parece que le turba y ahonda su infelicidad, provocando a menudo envidias o escepticismo. Vive en una especie de escasez, de ausencia, de falta de algo que no es sino de aquello que genera bienestar en su propia persona. Esta escasez parece que le impide ser generoso, le impide cuidar, atender, estar dispuesto, ser paciente y tolerante etc...en suma, le impide querer el bien ajeno, o participar en él, que es la base del amor. No amando a los demás, es decir no siendo generoso, cuidadoso, atento, etc....parece reservarse el amor a si mismo. El egoísta parece vivir preocupado porque no se le escape esfuerzo amoroso fuera de si. La lógica que se sigue es pervertida como bien apunta Erich Fromm, entre otros, en su “El Arte de Amar” cuando se pregunta si “¿Es su egoísmo idéntico al amor a sí mismo, o es la causa de la falta de este último?” No parece que el amor, el cuidado, la atención, etc..hacia los demás excluye el amor, el cuidado, la atención a uno mismo. Es mas, posiblemente, el amor y sus efectos hacia los demás refuerza el amor propio, la estima, y da propósito. Desde luego, a veces, parece que la mejor forma de cuidarse es atendiendo un poco a los demás, aunque solo sea porque ser generoso nos hace sentirnos mejor y ser mezquinos nos enferma y nos pone de mal humor. Quizás por eso, el planteamiento correcto es revertir los factores, como dice Fromm de forma que: no somos mezquinos por ser infelices, si no que, nuestra infelicidad arranca de nuestra mezquindad. Y esa mezquindad es, en primera instancia, con nosotros mismo, es nuestra falta de amor propio, nuestra falta de cuidado, de responsabilidad, de atención a nuestra persona... lo que nos hace egoístas y no como generalmente se asume que el egoísta solo se quiere a sí mismo. El egoísmo revela la escasez. El egoísmo quiere compensar la ausencia. Sin egoísmo, el mezquino se dejaría morir. No es extraño apreciar fenómenos de comportamiento aparentemente contradictorios, como la que plateamos del egoísmo como equivalente a ausencia de amor si mismo y en especial, en la relaciones entre padres e hijos. Hay progenitores que justificando cuidado hacia su prole les acuestan a la seis de la tarde en pleno verano, les impiden montar en bicicleta o a caballo, los dejan llorar en la cuna, no les deja jugar con pinturas, les impiden tirarse al suelo y jugar con el barro etc...Con frecuencia, tras esos aparentes cuidados, se esconden la comodidad, tranquilidad, conveniencia y egoísmo del progenitor puesta por delante del desarrollo y alegría del niño. Madres castradoras que decía Freud o padres castradores que decía Lacan.Publicado por Innuit en 9:38 0 comentarios  martes 13 de marzo de 2007
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