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Colectivos de idéntidad

Colectivos de idéntidad En “El Club de los Poetas Muertos” el maestro dice en un momento dado: Todos necesitamos ser aceptados y luego cita ese poema de Frost de los caminos que bifurcan en un bosque ( “The Road Not Taken” Robert Frost (1874-1963). Mountain Interval. 1920.). Ambas suena a verdad.

Ultimamente los movimientos civiles y reivindicaciones masivas, no sé, me huelen mal. No es lo único que me huele mal, a ver si nos entendemos. Tengo las narices sensibles. Hay muchas cosas que apestan: el insoportable hedor de esas manifestaciones multitudinarias, las consignas, las pancartas, las banderas y los cánticos aunque no vayan obispos. También me apestan las organizaciones, federaciones, asociaciones, foros, frentes, ligas, partidos, bloques y por supuesto, los colectivos que yo vengo a llamar de “identidad”.

No sé si el hedor y el repelús que me provocan, proviene de mi adversión por todo aquello que se organiza, con unos estatutos, unos objetivos, unas estrategias, unas consignas. Algo así como el hedor de la podredumbre. Lo mas fresco y espontáneo de un movimiento civil, acaba por sucumbir al lento avance del moho de la convocatoria, la comisión, el orden y la agenda u hoja de ruta, los dogmas, los principios muy principios que aparecen en cuanto el cerdo mayor (Animal Farm), convence al resto que hay que organizarse. Es el viejo dilema todo anarquista y revolucionario que se precie: cómo resistir a la tentación de organizarse, de establecer unos objetivos y diseñar una estrategia y unos medios, para esos fines. Quizás solo este en la elección de medios el problema. No sé, hay algo que se pervierte por el mero hecho de organizarse. Algo que definiría algo asi como el “connato” spinoziano de mantenerse como organización más alla de los objetivos que la dieron luz.

Si, aveces parece que una organización tiene como objetivo de perpetuarse en la lucha. El conocido peligro de llegar y cumpir los objetivos. Tema interesante. Me da por pensar que algunas minorias organizadas viven a costa de su especificidad, de su victimismo, del pasado de persecuciones, viven de la discriminación y resistencia..y de las subvenciones incluso cuando, cada vez, tienen menos excusas para sentirse diferentes. Otra paradoja, la del orgullo de ser diferente, de ser minoria, frente a la necesidad nuevamente de ser aceptados como iguales. Un dilema: querese distinguirse de otros árboles del bosque, sin vivir aislado.

A propósito, el poema de Frost acaba diciendo “escogí el camino menos transitado”.
21/06/2005
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